El otro 1976
Por Norma Morandini
A las personas se las puede doblegar por el dinero, por la ideología, la coacción o compromiso o el ego, la cínica pero realista observación con la que son entrenados los espías de la temida Agencia de Inteligencia de los Estados Unidos, CIA. , sintetizada en la palabra MICE, el acrónimo formado por esas cuatro letras money, ideology, coercion, ego. Es lo que se le escucha decir a uno de esos agentes de inteligencia que ayudaron a diseñar la estrategia política para derogar el andamiaje jurídico del régimen de Franco, desatar lo que había quedado “atado, bien atado” de una dictadura que gobernó cuarenta años. La llamada transición política hacia la democracia fue de una ejemplaridad envidiable porque se hizo de manera pacífica. Los cincuenta años, el medio siglo que separan aquel 1976 de la actual polarización política, hoy centro de debate. Libros, peliculas, series, entrevistas, tertulias, reconstruyen la historia que arranca con la muerte del dictador, la instauración de la monarquía y la presidencia de Adolfo Suárez, estratega fundamental para encarar la reforma política que derogó las leyes del régimen y abrió el camino a las elecciones libres. Para eso necesitaba de la aprobación de los dos tercios de los 531 “procuradores” de las Cortes franquistas, el Parlamento español bicameral. Un “harakiri” político ya que se trataba de convencer a las mismas figuras que se habían beneficiado con las prerrogativas del régimen. Para que 354 aprobaran la reforma, Suárez ordenó a sus hombres de inteligencia que hicieran todo lo necesario. Persuación, soborno, amenazas, extorsiones. La “Operación Vendimia” para separar el fruto con el que se puede hacer el vino de los podridos, aquellos que se negaban a aprobar una reforma contra ellos mismos, y convencer a los primeros de votar afirmativamente la disolución de las cortes franquistas. “Los españoles querían salir del franquismo y tener una democracia impecable, pero no sabíamos cómo hacerlo”, se le escucha decir al subsecretario técnico de la presidencia, Manuel Otero Novas. El principal escollo para aprobar la ley de la reforma política estaba en el ejército que se negaba a legalizar al Partido Comunista de España (PCE). Pero en cuanto Suárez decía que era “prácticamente imposible”, sus hombres se reunían en París con Santiago Carrillo, el legendario dirigente comunista que vivía en el exilio.
Con el suspenso de las series televisivas, el documental “Voladura 1976” narra esos cuatro meses trepidantes en los que el presidente Suárez con la ayuda de sus espías y colaboradores más cercanos diseñaron en secreto una “reforma política”, y luego se complotaron con astucias para vencer las resistencias de los franquistas más intransigentes. El documental forma parte del ciclo “50 años del gran cambio” de la televisión española, TVE. Con rigor histórico y un suspenso atrapante, revela datos desconocidos sobre esa intimidad que se fraguó en las sombras e hizo de la transición política española un proceso ejemplar por haber transitado sin violencia hacia la democracia. Entre julio y noviembre de 1976, con profusas imágenes de los archivos de la televisión pública y el testimonio de los protagonistas, periodistas, políticos, escritores, espías, militares, pero sobre todo, los informes del entonces embajador de los Estados Unidos en España, Wells Stabler, involucrado en la democratización. Por sus telegramas informativos, los cables diplomáticos, se accede a una de las astucias con las que consiguieron apartar a los representantes sindicales del régimen que iban a votar en contra de la reforma política. Inventaron un congreso en Panamá, y allí enviaron a los delegados gremiales para ausentarlos el día de la votación. “Mi padre regresó de Panamá a otra España”, se escucha al inicio el testimonio de la hija de uno de esos “procuradores”. A la hora de la votación apelaron a otra argucia. Sabían que los españoles mayoritariamente querían la democracia y estarían frente al televisor. Decidieron que la votación debía ser nominal. Así fue, votaron por Dios, la Patria y la televisión, ese ojo público tan poderoso que llevó a que muchos no se animaran a manifestar su oposición a la reforma política. Fue el momento de mayor suspenso y no exento de la picardía. Con los votos cantados a viva voz por el “sí” o el “no”, y el ausente de los delegados sindicales tentados por el crucero al Caribe.
Dirigido por Marisa Lafuente, el documental destaca la figura del presidente Adolfo Suárez al que se ve joven con una “calidez y honestidad” que no se había visto antes, según el escritor Ernesto Villar. El hombre sencillo que se sienta en el sofá de su casa, una imagen a la que la sociedad española no estaba habituada. No deja de ser llamativo, que en filmaciones de familia, Suárez ya desde niño decía que iba a ser presidente. El presidente español no estuvo solo en la derogación jurídica del régimen del que él mismo era parte. Pero todos los que lo secundaron le recuerdan como una persona “mágica” y la “solución” para saber cuáles eran los deseos y las necesidades de la mayoría de los españoles. “La Ley de la Reforma Política fue un Rubicón que tuvo que pasar Adolfo Suárez en el que se jugaba su crédito político y la marcha de la democracia en España”, sostiene el mismo Ernesto Villar, autor del libro “Los espías de Suárez”. Los secretos de Estado, los “carpetazos”para vencer las oposiciones cuando entró en juego la enseñanza de los que lucran con esa información y saben que “por dinero, por ideología, por coacción o compromiso, y por el ego, se mueven las votaciones”.
El archivo de la televisión recuperado para el documental, muestra en los rostros, la tensión y el alivio de Suárez cuando se leyó el resultado: 425 votos a favor, 59 en contra y 13 abstenciones; hubo 34 ausencias, los que se habían ido al Caribe. Esas votaciones cruciales, por eso históricas, que cambian el rumbo de un país como sucedió aquel año 1976 en España, tan connotado también para nosotros.
Solo que en cuanto los argentinos inauguramos el periodo mas negro de nuestra historia de golpes militares y postergción democratica, España ingresó al elenco de las desarrolladas democracias europeas, lo que le trajo libertad y prosperidad. Lo que cancela la tentación de las comparaciones en las que se cae cuando se equiparan sus respectivos pasados trágicos, sin el conocimiento profundo de la historia a uno y otro lado del Atlántico. Tan sólo una de las diferencias, en cuanto Estados Unidos impuso y propició la democratización española, en Argentina el mismo Kissinger que felicita a Suárez por la reforma democratizadora es el que aconseja a Videla a que la represión en Argentina sea oculta, rápida para evitar lo que hizo Pinochet ante el mundo cuando convirtió los estadios de fútbol en cárceles a cielo abierto.
El sentido de la evocación histórica, rigurosa, sin consignas políticas, es la mejor enseñanza para que la democracia escuche y evite los desvaríos. La naturaleza humana de la memoria es lo que nos emparenta. En momentos en los que aquí como allá los jóvenes nacidos y educados en libertad cuestionan el periodo que nunca vivieron, el tránsito de las dictaduras a la democracia. A ellos, como en el poema de Bertold Brecht, “A los hombres del futuro” habría que pedirles que sean benévolos a la hora de juzgar “nuestras debilidades”, pero no se olviden de lo que se salvaron. Las dictaduras que no solo llenan de dolor, sacrificio, muertos insepultos, sino condenan a las sociedades al atraso, el ocultamiento y la mentira.
En Mujeres & Compañía, trabajamos día a día para ofrecerte contenido que abre diálogos, despierta reflexiones y empodera voces. Si nuestro enfoque sobre democracia, vida en común y feminismo resuena con vos, te invitamos a sumarte de una manera especial.
Con tu aporte, nos ayudás a seguir creando y a mantener este espacio libre e independiente. A través de los botones de Mercado Pago y PayPal en este newsletter, podés donar y ser parte de la comunidad que impulsa un periodismo con perspectiva.
Gracias por ser parte, necesitamos que nos acompañes.





