La virreina
Por Alejandra Conti

“La revolución es nuestra venganza por la muerte de nuestro padre”, dijo hace años Delcy Rodríguez en una entrevista. Admitió así que el resentimiento fue el motor de su vida y de su carrera y que usó el poder para concretar su versión personal de justicia. La frase revela una visión dogmática y casi religiosa de la política. La palabra “fanatismo” aplica para el caso.
Su padre, Jorge Antonio Rodríguez, líder de la Liga Socialista y guerrillero marxista, murió en 1976 en custodia policial tras ser vinculado al secuestro del empresario estadounidense William Niehous. Eso ocurrió durante la presidencia de Carlos Andrés Pérez y ella tenía 7 años.
Una década de estudios legales en Venezuela, Francia y Gran Bretaña no pudieron contra la convicción de Delcy Rodríguez de que su condición de víctima de la violencia política merecía un castigo social. Al contrario, su reconocida capacidad intelectual le dio marco teórico a la deriva autoritaria de la que fue coprotagonista.
Hoy, “la tigresa”, como alguna vez la llamó Nicolás Maduro por su belicosidad, tiene que guardar en un cajón las consignas de militante fanática para colaborar a disgusto y bajo amenazas con el gobierno de Donald Trump, otro villano de manual.
A sus 56 años, quien fuera la mano derecha del dictador volteado el 3 de enero por fuerzas estadounidenses, tomó el mando del país con el respaldo del mismo Tribunal Supremo de Justicia y la misma cúpula militar que cinco minutos antes rendían pleitesía a Maduro. Todos caminan por la misma cuerda floja y con la misma espada de Damocles sobre sus cabezas.
Delcy Rodríguez es dogmática y para nada diplomática a pesar de haber sido canciller, según cuentan embajadores extranjeros que la trataron. Muy trabajadora, inteligente y frontal hasta la agresividad, no es una advenediza del poder.
Hizo todo el cursus honorum del funcionario público. Se recibió de abogada en 1993 en Caracas, estudió en Francia y el Reino Unido hasta 2002, cuando regresó a Venezuela y se incorporó a la Cancillería. En 2006 fue designada ministra para el despacho de la Presidencia, pero no le cayó bien a Hugo Chávez, que rápidamente la hizo a un lado. Según los distintos relatos de la época, parece que fue una cuestión de modales o la percepción de que su vocación de jerarca se estaba saliendo de madre.
En cambio, Chávez conservó a su lado al hermano mayor de Delcy, Jorge Rodríguez, médico psiquiatra. Los hermanos Rodríguez eran y son muy unidos, como se pudo ver estos días: él le tomó juramento como presidenta encargada, ya que es el presidente de la Asamblea Nacional, el órgano legislativo.
Cuando en 2013 muere Chávez y asume Maduro, los hermanos inician una subida imparable en las escaleras del poder. Maniobrar en ese terreno no es para cualquiera.
Desde mucho antes, al menos desde unos acuerdos firmados en 2008, Chávez le había dado al gobierno cubano, que a cambio de petróleo se hizo cargo del manejo de la inteligencia, el registro civil, las notarías y aduanas. La desconfianza de Chávez hacia sus propios camaradas después del intento de golpe de 2002 motivó ese giro que marca hasta hoy la historia del país. Esa entrega de soberanía fue justificada por Maduro (formado políticamente en La Habana) como una extensión de la alianza iniciada por Chávez y Fidel Castro, donde el petróleo venezolano es el pago por el know-how represivo que mantiene al chavismo en el poder.
Lo de Cuba no era un inconveniente para los Rodríguez. Ella viajó incontables veces a la isla para ajustar acuerdos, pero sí debieron tejer alianzas en un panorama político marcado por la segmentación del poder y los negociados. Maduro no era el dueño del poder, como lo fue Chávez en su momento. Detrás de él hubo y hay numerosos actores, como los conocidos y poderosos Diosdado Cabello, cabeza de los militares, la Policía y la inteligencia, y Vladimir Padrino López, a cargo de la asistencia social y también de las milicias civiles armadas, las “misiones”.
Uno de los aspectos más oscuros de su trayectoria es su rol respecto del aparato de inteligencia y represión. Desde 2018, año en que se convirtió en vicepresidenta, Rodríguez ha tenido bajo su órbita el SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), una entidad señalada por organismos internacionales como pieza central en la persecución de la disidencia. María Corina Machado la denuncia como la arquitecta del sistema de torturas y represión. En algún momento la Justicia deberá comprobarlo, pero es difícil que no haya sabido lo qué sucede en el Helicoide y otras cárceles de presos políticos.
Como presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente en 2017, un organismo diseñado para ampliar los poderes de Maduro, fue responsabilizada por la Unión Europea de la erosión institucional y la represión violenta de protestas que dejaron más de 150 muertos. Estas acciones le valieron sanciones por parte de la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá, que la señalan como responsable de socavar la democracia y el Estado de derecho. Por este motivo tiene la entrada prohibida al espacio Schengen hasta 2027. Los organismos defensores de derechos humanos aseguran que, al menos, aprueba la represión como herramienta de estabilidad y la utilización del miedo para garantizar la continuidad del sistema.
Delcy Rodríguez ha defendido públicamente la presencia de agentes cubanos en los círculos de poder venezolanos, una realidad confirmada tras la muerte de 32 uniformados cubanos durante los ataques del 3 de enero. A pesar de que durante años el régimen calificó de “fábula” la injerencia militar de la isla, la propia Rodríguez admitió que estos efectivos operaban bajo “convenios de cooperación y defensa mutua” que se mantenían en secreto, pero se sabe que fueron firmados a partir de 2008.
En los últimos años, Rodríguez ha acumulado un poder sin precedentes al dirigir simultáneamente la Vicepresidencia y los ministerios de Finanzas e Hidrocarburos. En esta faceta, quienes han tenido que negociar con ella aseguran que se ha mostrado fría y pragmática como cualquier representante del capitalismo más ortodoxo. Así logró que la estadounidense Chevron mantuviera la producción petrolera —unos 1,1 millones de barriles diarios— mientras aplicaba políticas de austeridad ortodoxas que recortaron drásticamente el gasto público.
Gustos caros y el desafío de sobrevivir
De su vida privada se sabe que es soltera y no tiene hijos. Estuvo en pareja primero con el actor Fernando Carrillo, exmarido de Catherine Fulop, y actualmente con Abou Nassif, un venezolano de ascendencia libanesa al que se ha vinculado con esquemas de corrupción chavistas.
Mientras el salario mínimo en Venezuela se hundía hasta niveles de miseria —apenas unos 5 dólares al mes—, Rodríguez fue vista con zapatos de lujo y ropa cara, al igual que su hermano, que maneja autos de alta gama.
Hoy, como presidenta interina, Delcy Rodríguez se enfrenta al desafío de hacer sobrevivir al chavismo, sus líderes y privilegios, ante las renovadas amenazas de Trump, quien le advirtió públicamente que si no colabora, pagará un precio “probablemente más grande que Maduro”. Aunque ha intentado bajar la temperatura ofreciendo una “agenda de cooperación”, su ascenso es visto por analistas internacionales como el resultado de un entendimiento pragmático. ¿Hacia dónde? Difícil saberlo. Trump no ha pronunciado la palabra “democracia” en sus discursos. Se entiende que quitar al dictador pero mantener la dictadura, tan segmentada y con porciones de poder repartidas en tantos estamentos, haría imposible la asunción del ganador de las últimas elecciones, Edmundo González Urrutia, el candidato de María Corina Machado. Antes de eso habría que desarmar una arquitectura de poder diseñada por Chávez y también por Cuba, en la que Rusia, China e Irán también tienen sus intereses, aumentada y perfeccionada por los hermanos Rodríguez, Diosdado Cabello y Padrino López.
Se especula con que los hermanos Rodríguez intentarán hacer tiempo. En esto, dicen que Jorge es un maestro. Hacer tiempo para permanecer en el poder hasta que termine la presidencia de Trump. Con un nuevo presidente no tan proclive a intervenir militarmente, todo podrá seguir como era entonces.
¿Y los derechos humanos, las libertades ciudadanas, la voluntad popular? Habrá que ver los capítulos que siguen en la historia de este país castigado desde adentro y desde afuera.
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